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Fotografías y textos de Hernán Zin

Los cartoneros que cada día salen con sus bolsas de arpillera y sus carros a recorrer las calles de la ciudad brasilera de Fortaleza, suelen quejarse de que parecen invisibles para el resto de la sociedad. Los conductores les pitan impacientes, los rozan al pasar con sus coches. En el caso de Joao Nacimento, la indiferencia es recíproca, ya que él no puede ver a los hombres y mujeres que caminan por las zonas más prósperas de la ciudad. Al frente de su carro de metal oxidado y madera, avanza entre los coches con la cabeza levantada y la mirada perdida, como si transitase por otro plano de la realidad, mientras su mujer, Albina, le va dando indicaciones: gira a la derecha, camina más rápido, no te apresures.

Joao lleva tres décadas viviendo de recoger lo que tiran los demás. Los médicos dicen que perdió la capacidad de ver por la mala alimentación, por no haberse protegido de la luz solar y por el contacto prolongado con el polvo de los basurales. En los últimos cinco años, las condiciones de vida de Joao han mejorado notablemente. Antes dormía junto a su mujer y sus ocho hijos en una chabola de madera construida en la margen derecha del canal que lleva las aguas fecales de Fortaleza. Cuando tenía algún problema, no sabía a quién recurrir. Hoy forma parte de una cooperativa en la que junto a otros catadores ha comprado una nave en la que clasifica y almacena la basura para luego poder venderla a mejor precio, lo que le ha permitido incrementar sus ingresos y ahorrar lo suficiente para comprarse, a los 56 años, su primera casa.

Esta transformación, que no es suficiente para liberarlo de tener que recoger basura, pero que sí le ha dado otra perspectiva desde la que enfrentarse a la adversidad, es consecuencia de la labor de Cristina Franca. Una mujer que se dedica a tratar de sacar a los cartoneros de la marginación, que los organiza para que sumen fuerzas y para que su voz llegue a ser escuchada por la sociedad.

Casada con un conocido sindicalista, Cristina coordina 12 cooperativas de cartoneros. Una vez al mes, establece reuniones con políticos, periodistas y empresarios, en que los recolectores de basura cuentan cómo viven y qué necesitan para progresar. En un lustro han conseguido importantes logros: préstamos bancarios, donaciones, apoyos de otros movimientos sociales.
 


Todos los recursos obtenidos con esta campaña serán destinados      
a proyectos liderados por mujeres o en beneficio de mujeres y niñas