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La clave para el progreso de las naciones más postergadas pasa por la mujer. Como bien afirmó el antiguo Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan: "No hay herramienta más eficaz para el desarrollo que la educación de las niñas. Ninguna otra política puede aportar tanto a incrementar la productividad, reducir la mortalidad infantil y materna, mejorar la nutrición, ayudar a promover la salud y a prevenir la propagación del sida".
Las mujeres producen entre el 60% y el 80% de los alimentos en los países en desarrollo y la mitad a nivel mundial. Garantizan las cosechas y otras labores agrícolas. Su contribución a la economía en trabajos no remunerados (hogar, empresas familiares, agricultura de subsistencia), supone entre un 25% y 30% del Producto Bruto Mundial.
Paradójicamente, dos tercios de las labores que las mujeres realizan son invisibles ya que se corresponden con actividades no remuneradas o sin valor comercial que, sin embargo, constituyen la fibra más profunda y necesaria del tejido social. Y, a pesar de su enorme contribución a la prosperidad de sus comunidades, apenas controlan el 0,5% de los recursos de la tierra. Según la OIT, representan el 70% de los 1.300 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza.
El objetivo de MUJERES QUE CAMBIAN EL MUNDO es resaltar su insuperable valor como elemento de cambio y transformación. Destacar su papel esencial en la lucha contra la pobreza y la exclusión. Resaltar la importancia de la consecución de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, en especial del número 3: Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer: eliminar las desigualdades entre niños y niñas en el acceso a la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para 2015. |
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