Textos y Fotografías de Hernán Zin

Como tantos otros saharauis que malviven en la Hammada argelina, Maima Mahamud tuvo que abandonar los campamentos de refugiados para poder recibir educación. Cuando tenía nueve años, en 1982, fue elegida junto a otras 99 niñas para viajar a Cuba. Permaneció en la isla caribeña el resto de su infancia y toda la adolescencia, preparándose para el futuro, con la idea insoslayable, a pesar de su corta de edad, de que volvería al Sáhara para luchar por la independencia de su pueblo.

Desde que se reencontró finalmente con los suyos, en las sórdidas arenas del exilio, Maima comenzó a experimentar una honda preocupación por la situación de la mujer, ya que el 80% de las refugiadas carecía de posibilidades de continuar con los estudios una vez superado el nivel de formación elemental.
Fue por esta razón que creó en 1999 la Escuela de Mujeres de Dajla. Un proyecto piloto que sería replicado en los demás campamentos saharauis. El aspecto exterior del edificio que da vida a la escuela, de paredes descascaradas, erosionadas por el constante azote del siroco, contrasta con la actividad febril que se descubre en su interior, donde más de cien mujeres, de entre 18 y 55 años de edad, reciben formación en talleres de costura, informática, cocina y producción audiovisual

"La sociedad saharaui es matriarcal. Aquí somos las mujeres las que organizamos la vida, las que mantenemos unida a la comunidad", afirma Maima, que es además Secretaria de Estado de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer del Frente Polisario. "Algún día, cuando nuestro país alcance la libertad, las mujeres saharauis podremos ser un ejemplo no sólo para las otras naciones árabes sino para todo el mundo."

 

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