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Fotografías y textos de Hernán Zin

"Una noche llegaron los guerrilleros a la aldea y me llevaron junto a otras niñas. Ya en el camino hacia Sudán mataron a varias delante nuestro para asustarnos. Al principio cualquier soldado tenía sexo conmigo. Sólo me agarraba y me llevaba a la choza. Hasta que tuve un hijo con un soldado. Y me hizo su mujer. Cuando él murió en combate, me casaron con un comandante muy viejo que tenía siete esposas. Con él tuve otro hijo. Era un hombre muy malo. Un día, aprovechando que nos estaban atacando las tropas del ejército, cogí a mis dos hijos y me escapé. Caminé cuatro días a través de la selva sin comer hasta que logré llegar a mi casa". Con estas palabras comienza Alice a narrar su desgarradora historia. Durante diez años estuvo en manos del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), la guerrilla mesiánica que desde hace dos décadas aterroriza a los habitantes del norte de Uganda.

Tras haber estudiado Cooperación en la Universidad de Nairobi, la hermana Rosemary Nyrumbe desembarcó en la ciudad ugandesa de Gulu en el año 2003 para hacerse cargo de un prestigioso colegio privado. Como la mitad de las aulas estaban vacías decidió que pondría en marcha un proyecto para brindar asistencia a las víctimas de la guerra.

Poco tardó en comprobar que quienes más ayudan necesitaban eran las mujeres que habían sido esclavas sexuales del LRA, ya que sus familias las rechazaban, viéndose así obligadas a vivir en las calles y mendigar.

Más de cien jóvenes que han padecido situaciones análogas a la de Alice asisten cada día a los cursos que imparten Rosemary y las monjas que con ella colaboran. Aprenden a leer y escribir, reciben formación profesional en cocina y costura, para poder adquirir las herramientas que las permitan valerse por sí mismas en el futuro. Además, un psicólogo las ayuda a tratar de superar los traumas del pasado.

"Es extraordinaria la capacidad de lucha y superación de estas chicas. Siento un profundo respeto por ellas. Después de todo lo que han sufrido, tienen la fuerza para seguir adelante", me dice Rosemar, que también ha creado una guardería y una escuela para los pequeños de estas jóvenes. La mayoría, hijos que tuvieron con los soldados del LRA. Esos niños que con tanto ahínco trabajan por hacer progresar, por darles una vida digna, aunque son también un constante recordatorio del horror que sufrieron.
 


Todos los recursos obtenidos con esta campaña serán destinados      
a proyectos liderados por mujeres o en beneficio de mujeres y niñas